LA EXPOSICIÓN MAGISTRAL COMO TÉCNICA DE ENSEÑANZA EN LA UNIVERSIDAD.
Más allá de las posiciones constructivistas, que muchas veces tienden a minimizar el rol del docente como formador y su actividad expositiva frente a los alumnos, la exposición magistral sigue siendo la forma más común y práctica de impartir conocimientos en el aula universitaria.
La exposición magistral ha sido muy atacada e incluso tildada de anacrónica, sin embargo es la técnica que permite el traspaso de conocimientos de forma más directa, siempre y cuando el alumno universitario esté dispuesto a actuar de manera receptiva y el expositor desarrolle ciertas técnicas que permitan una comunicación fluida.
Debemos tener en cuenta que las mejores exposiciones suelen coincidir con los mejores expositores, y no con acciones originales, modernas, interactivas o entretenidas. Una clase magistral, cuando verdaderamente hace honor a su adjetivo, se transforma en un lujo que muy pocos alumnos no valoran debidamente.
Para ello es necesario que junto al profundo conocimiento de los temas a desarrollar que debe tener el docente, algo que no puede suplir ninguna técnica o estrategia didáctica; se agreguen características tales como la motivación, la amenidad, el trato respetuoso y por sobre todo que se tenga en cuenta la curva media de concentración de los alumnos, a la hora de definir la extensión de la disertación y la intensidad de los momentos áulicos, procediendo entonces a vincular esa disertación magistral con otras actividades didácticas e incluso con momentos de descanso.
Desde las posiciones constructivistas más extremas se critica a la clase magistral diciendo que favorece a priori el aprendizaje por recepción y posterga el aprendizaje por descubrimiento. Sin embargo esto no es así necesariamente. Cuando logramos que nuestra disertación se alinee con los intereses de los alumnos, la clase magistral produce una intensa actividad intelectual de tipo formativo. Nada obsta a que una clase magistral incentive el aprendizaje por descubrimiento cuando a través de la comunicación global, el docente provoca en sus alumnos situaciones de crítica, de discordancia, de apoyo, etc. La sugerencia, la apertura de distintos caminos de razonamiento, la profundidad de los temas tratados, contribuyen sin duda a elaboraciones cognoscitivas de tipo creativo. Y así ha sucedido en toda la larga historia de la transmisión del conocimiento a través de la enseñanza en nuestra cultura occidental.
El grado de impacto y transformación que puede tener en los alumnos la clase magistral, repito, cuando es verdaderamente magistral, tanto de forma inmediata como a mediano plazo, es muy difícil de alcanzar con otras estrategias didácticas.
Es fundamental entonces, cuando el docente se apoya en la clase magistral, que reúna ciertas características que van más allá del mero conocimiento de la temática de clase. Debe tener algunas cualidades que desgraciadamente, cada día son más escasas entre quienes se dedican a la docencia universitaria: una profunda formación cultural y un dominio fluido del idioma, que le permita utilizar el lenguaje verbal eficientemente. Junto a ese dominio de la comunicación verbal, es fundamental un manejo adecuado del lenguaje gestual. Nuestra comunicación es en más de un 90 por ciento no verbal. Cuando nos ponemos al frente de un aula, comenzamos a comunicar desde mucho antes de pronunciar palabra alguna. Nuestra actitud, forma de pararnos, gestos faciales, movimientos de brazos y manos, modo de sentarnos y obviamente nuestro aspecto personal, “hablan” mucho antes que nuestra boca.
Un profesor que cuando prepara su clase magistral, al mismo tiempo investiga sobre lo que está enseñando, logrará mucho más fácilmente relacionar los conceptos que exprese con los ámbitos de aplicación a que se refieran.
Debemos dejar claro que una clase magistral está muy lejos de ser una conferencia. No es un acto unilateral de quien expone frente a sus alumnos. La clase magistral está orientada a la generación de conocimientos en los alumnos. Por ello la participación de los mismos es fundamental. Nada impide que el docente combine su clase magistral con otras técnicas que permitan la interactividad y el tan mentado descubrimiento. Lo importante es entender que la exposición de tipo magistral de ningún modo implica la actuación monopólica del docente. El actor fundamental de la conferencia magistral, paradójicamente no es el docente, sino a quien está dirigida: sus alumnos.
Por ello, cuando el docente desarrolla sus habilidades para dictar clases magistrales, las mismas se transforman para sus alumnos en experiencias creativas de primer nivel que producen el fortalecimiento de la comunicación entre los actores educativos y cuya prueba se encuentra en aquellos oyentes que terminada la clase se acercan al docente a realizar comentarios, a exponer sus dudas o simplemente a expresar su gratificación con el momento vivido.
AGS.


Excelente explicación, me ayudará a reforzar mis trabajos en la Universidad y en mis actividades que realizo como servidor público ....
ResponderEliminarEXCELENTE FELICITACIONES A LA UNIVERSIDAD POR LA DEFENSA DE LA EXPOSICIÓN MAGISTRAL, FUNDAMENTAL EN TODO PROCESO DE ENSEÑANZA-APRENDIZAJE, QUE PARA MUCHOS ES OBSOLETA NO OLVIDEMOS LO QUE DECÍA EL LÍDER LATINOAMERICANO EN LA EDUCACIÓN PAULO FREIRE "LA EDUCACIÓN ES UN ACTO DE AMOR" EXPRESIÓN DEL VALOR UNIVERSAL QUE ES LA BASE DE TODO ACTO HUMANO. RECORDEMOS ESTA FRASE QUE LES HARÁ CONSCIENTE DEL VALOR DEL AMOR HACIA SUS ALUMNOS, El gesto del profesor valió más que la propia nota de diez que le dio a mi redacción. El gesto del profesor me daba una confianza aún obviamente desconfiada de que era posible trabajar y producir. De que era posible confiar en mí, pero que sería tan equivocado confiar más allá de los límites como era en ese momento equivocado no confiar. FELICTACIONES A LOS DOCENTES POR EL RECONOCIDO HOMENAJE. RECORDAR QUE SOMOS EN CUANTO LOS OTROS EXISTEN. UN ABRAZO EXITOS
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